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24 de julio de 2011

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FAIR PLAY
Por Jorge Loncón

“Juego limpio”, le llaman, y es toda una curiosidad, porque lo abundante – dentro y fuera de la cancha – es el juego sucio. Por cierto, esto se refiere al fútbol, pero no excluye – necesariamente – otros ámbitos de lo que se llama “la vida nacional”. El juego limpio es tan escaso, que cuando un jugador cae y otro le ayuda a levantarse, uno se emociona hasta sonarse ruidosamente los mocos. Cuando cae otro, y el adversario echa la pelota fuera de la cancha, para permitir la atención médica al caído, uno recobra de golpe, la Fe en la humanidad, rozando –incluso- el sollozo.

Tales momentos son pocos, pero tan gratificantes, que el espectador desprevenido vuelve a creer en las buenas intenciones. Sin embargo, cuando el tipo que ayudó a levantarse a un jugador “derribado” por él mismo, aprovecha la próxima jugada para tratar de extirparle un tobillo, el asunto se enrarece y como que las cuestiones no calzan. Cuando el que tiró la pelota afuera para permitir que entraran a auxiliar a un caído, aprovecha una jugada posterior para meterle el codo en el ojo, el asunto – de frentón – huele mal.

Existen “Directores Técnicos” que se la juegan por el “fair play” y el hincha sabe cuáles son los equipos “limpios” y cuáles son los rompehuesos. El duelo de hoy por el primer lugar en la Copa América, es una demostración de qué equipo es el “más efectivo” a la hora de dejar fuera de combate a los mejores jugadores del equipo contrario, cuestión que - al parecer - marca pauta y genera unos irresistibles deseos de imitación. Le pasó a Chile, que hacía rato se había olvidado de jugar a las patadas, pero que en el primer tiempo ante Venezuela, se transformó en un grupo irreconocible de mulas, pateando a diestro y siniestro las canillas rivales, como si las patadas pudieran confirmarle su condición de “favorito”. Como de costumbre, cuando reaccionó positivamente en el segundo tiempo, ya era tarde.

Fuera de la cancha, también hubo juego sucio, porque detrás de las educadas palabras de jugadores y cuerpo técnico, se adivinaba el “ninguneo” a la selección que nos mandó fuera, cuestión que llenó de pena al comercio de Mendoza, porque – en el fondo - toda esta cuestión se traduce a “consumo”. Si hasta la educación es “un bien de consumo” - como dijo el Presidente, sin mucho Fair Play - , nadie se atreverá a discutir que la oferta de los parrilleros argentinos se fue a las pailas y el bife chorizo – su más característico bien de consumo - se carbonizó en la parrilla, terminando con la ilusión de salvar el año, merced a la capacidad de compra – o endeudamiento – de los hinchas chilenos que, seguramente, solicitaron todos los “adelantos” posibles en sus tarjetas del retail, para volver a Chile campeones y sin plata. Al final, se vivió un “regreso sin plata” y eliminados.

Puede ocurrir que el retail haga ahora un “cargo por derrota” a dichos adelantos, lo que sería una tremenda falta de Fair Play. Pero allí está, en el Ministerio de Economía, el compañero Longueira, que intentará ganarle los partidos a las grandes cadenas, para que éstas dejen de tener encadenada a la gente y - además - sacar a los repactados de la lista de ciudadanos de la República Independiente de Dicom.

El futbol se parece bastante – como ya dijimos – a todos los ámbitos de la vida nacional, o - al revés -, la vida nacional puede ser graficada con facilidad a partir de cómo se juega, dentro y fuera de la cancha. Y tal como le aconteció a “la roja”, ningunear al adversario, tiene costos que puede provocar la eliminación: toda la campaña del actual gobierno, se hizo en función de la “eficiencia” y de la “falta de capacidad” de la Concertación, para solucionar “los problemas de la gente”, ofendiendo de paso a todos los trabajadores del sector público, sin ningún sentido del Fair Play. Pues bien, allí está Dichato, diciéndole al Gobierno que es ineficiente, que es incapaz de cumplir con las promesas que hiciera en su momento, y que el aparato público es muy distinto a la venta de pasteles. Y que no deja de ser sorprendente que un par de ministras, al irse, se consideren “aliviadas”.

No ha habido Fair Play en el tema de las “sillas musicales”, tan criticadas en los gobiernos anteriores. Plantear que lo que ayer era malo, dejó de serlo hoy, es impresentable. Qué hubiese pasado ayer, si el Ministro Secretario General de Gobierno hubiese sido primo hermano del Presidente y hermano de uno de los directores de TVN. Qué hubiese pasado ayer si un hermano del Presidente (a) hubiese sido Director de BancoEstado. Esto recibe el nombre de Nepotismo, pero hoy, es “excelencia” pura. El Senado, probablemente acogerá a más de alguna ex ministra “aliviada” y ya está declarada la guerra – sin Fair Play - al interior de la Colisión por el Cambio. Nada nuevo. Quedarán calvos de tanto mechonearse, hasta que alguien anuncie que está decidido (a) a asumir tan tremendo sacrificio.

El cambio de gabinete, en rigor fue un enroque, “movimiento defensivo (en el ajedrez) en que el rey y la torre del mismo bando cambian simultáneamente su posición”. A veces, con los enroques, el juego es tan sucio fuera de la cancha, que se arman verdaderas roscas , “cosa redonda y rolliza que, cerrándose, forma un círculo u óvalo, dejando en medio un espacio vacío”. En ese espacio vacío los fulanos no considerados en el “enroque” se agarran a combos sin contemplaciones. “Se armó la rosca, dijo la mosca”, clama la cueca, y eso significa que las “chuletas” van y vienen sin ningún Fair Play, así como al término de Paraguay -Venezuela .

Pero hay que tener cuidado, porque existen algunos Fair Play engañosos. Ha renunciado el recién nombrado Ministro de Energía y Ex Intendente de Santiago, por eventuales conflictos de interés y su renuncia ha movido al aplauso a quienes juegan el partido y a quiénes están en las graderías, por la “corrección” y “seriedad” demostradas. Pero estos “conflictos” ya los tenía cuando fue nombrado Intendente y se quedó calladito, de manera que el aplauso es un Fair Play excesivo, sobre todo si se toma en cuenta que - en las últimas horas - un iluminado parlamentario de Gobierno, ha presentado un proyecto de ley para evitarle preguntas incómodas (¿conflictos de interés?) a los entrevistados. Juego Sucio, con mayúsculas. Al parecer, ya no bastan ni las encuestas ni el “monitoreo” en las redes sociales. Juego Sucio: el parlamentario no ha aprendido que quien no respeta el Fair Play está tempranamente condenado a perder el partido y – más tarde - el campeonato, acompañado de una silbatina que sólo deja de escucharse cuando se ingresa al túnel, en dirección al camarín.

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