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14 de agosto de 2011

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CAMARON, CAMARON, CÓMO MUEVE SUS PATITAS
Por Jorge Loncón

Hace algunos años, se anunció con bombos y platillos, que en la zona sur avanzaba de manera decidida “el cultivo de camarones”. Curiosamente, esta información, era celebrada y no se hacía cargo de la preocupación de quienes veían problemas en tal “avance”. Porque, efectivamente, hubo quienes leyeron la información con la misma alarma que pudieran haber experimentado tras enterarse del impacto de un F-16 sobre Angelmó. La cuestión era más terrorífica que intendencia en tiempos de cólera y, para despejar eventuales apresuramientos de conducta – e incluso conflictos de interés - me enfrasqué en el análisis de la situación, y terminé como se hubiese leído una novela de Stephen King.

Hay que aclarar que el citado caballero, se ha hecho millonario infundiéndole pánico a la población. Fuentes confidenciales han revelado que Míster King es asesor permanente de la derecha chilena en tiempos de campaña política. El terror vende, y eso en nuestro país lo sabe desde el más connotado político, hasta el más modesto seguidor de Carlos Pinto. Lo concreto es que, desde entonces, hay instituciones muy respetables y serias trabajando para mejorar cuantitativa y cualitativamente el cultivo de camarones.

Ahora, es menester señalar que camarón viene del latín "cámaro" y del griego "Kamarus" y que es un crustáceo. Tiene una costra o caparazón que es de color grisáceo y poco consistente. Por ello, no es inmune a los cambios de gabinete y lo grisáceo es una rotunda muestra exterior de lo que el camarón es en su interior. Su condición de “carroñero” le permite sobrevivir a base de todos los restos imaginables que encuentran: restos de comida, alimento artificial, animales muertos o algas.

El aspecto más relevante del camarón es que camina para atrás. Es una especie de Michael Jackson, pero chiquitito. Ahora, en esto de caminar para atrás, en ciertas áreas del quehacer público, hay una cantidad de camarones que ni te digo. Esa facilidad de desplazamiento (para atrás) de algunas autoridades, habría dejado blanco de manera instantánea al citado Jackson, sin necesidad de tanta intervención quirúrgico-facial.

Quien se adentra en estas problemáticas, está expuesto a tener pesadillas con ejércitos de camarones, que de pronto van cambiando de aspecto: pasan del crustáceo al caprino, del caprino al vacuno, del vacuno al arácnido, del arácnido al reptil. Y soñar que todas esas especies practican esa terrorífica caminata de retroceso, es una cuestión que puede provocarle un infarto al mismísimo Freddy Krugger.

Algunos textos especializados se equivocan, porque ubican al crustáceo básicamente en hábitat marítimo y secundariamente en los ríos. No señor, en nuestra zona el camarón es de riachuelo y pantano, siendo el pantano el sitio más claro y seguro con respecto a su localización. Y conste, en los últimos años, la proliferación de pantanos en nuestra geografía local, ha sido tupida y pareja, aunque en ningún caso, sorprendente. Incluso, hay pantanos dentro de las mismas reparticiones públicas, lo que provoca que, varias veces al año, más de un espécimen se encuentre con el barro al cuello.

Por cierto, no hablamos aquí del camarón "con clase", origen de la fortuna de Forrest Gump (el personaje más inteligente creado por la cinematografía yanqui): nuestro camarón se mueve entre el agua y el barro y, para agarrarlo, hay que usar las manos. Claro que en el intento, está el riesgo de ensuciarse y recibir una mordida, porque se defiende el bicho (crustáceo). Y a pesar de que tiene el mismo instinto de supervivencia que cualquiera otra especie viva, inevitablemente termina faenado.

Si un camarón solito es ya preocupante, la preocupación adquiere ribetes dramáticos en conglomerados de camarones. Sobre todo si los referidos crustáceos funcionan en una estructura tipo Ministerio o tipo Intendencia. Todos esos entes “avanzando” para atrás, equivalen a las colas de los caballos, que crecen, pero hacia abajo. Los camarones, aunque no tienen el grado de organización que tienen las hormigas, son capaces de actuar en conjunto cuando su retroceso (no puede decirse "avance") se ve amenazado. Sin embargo, ese actuar “coordinado” no es algo de ejecución simple entre ellos, porque siempre hay un grupo que quiere retroceder más rápido que el otro.

Otros grupos de camarones, funcionan en estructuras tipo Comité Central, Junta o Mesa. Es necesario puntualizar que el grado de alerta máxima los lleva a la conformación del CCC (Comando Conjunto de Camarones), con el objetivo es ponerse a la cabeza del retroceso, con la debida anticipación. La política camaronera es retroceder sin piedad, realizar tempranamente una campaña pantano a pantano, a fin de reclutar el máximo de camarones, para ungir a un líder que dé muestras concretas de ser un maestro indiscutible y de consenso en esto de venir retrocediendo y mantener dicho retroceso.

Los defensores del incremento al cultivo de camarones, suelen “mimetizarse” con el crustáceo. De allí que una masa bastante grande del país, esté compuesta de camarones reales y encubiertos. Esa masa, para mejor distinguirse, se ha dividido en dos y, por ende, tienen un comportamiento binominal sellado como pacto de sangre. Lo fatal para la especie, es que no tienen capacidad para mirar a sus espaldas, salvo que giren en ciento ochenta grados, cuestión que no están dispuestos a hacer. Por ello, es posible que no se den ni cuenta, cuando otro tipo de crustáceos les pase por encima, o los convierta en “chupe”.

Ni los camarones alojados en los ministerios y en las intendencias, ni los camarones de los Comités Centrales, se percatan que el pacto de sangre llamado binominal terminó por sacarle los choros del canasto a los demás crustáceos del territorio, y eso los pone frente a un peligro común. Porque se advierte una férrea voluntad de todo el resto de la fauna marina – mayoritaria - de terminar con la costumbre de alinearse o con los camarones de allá o con los camarones de acá, y caminar con ellos incansablemente para atrás. Porque también se puede caminar para adelante.



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