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4 de septiembre de 2011

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A PUNTA DE FILOSOFIA
Por Jorge Loncón

Chile es uno de esos países – escasos ya - donde la filosofía está en el centro de las preocupaciones ciudadanas. Ni siquiera en Europa nos hacen el peso. Al lado nuestro, los griegos son una alpargata. Desde el Presidente a la plebe, todo el mundo filosofa con tal profundidad, que Sócrates habría quedado mudo en medio de la plaza, y habría pedido otra “caña” de cicuta, para desaparecer más rápido de la faz de la tierra y librarse de la humillación a manos de la intelectualidad chilensis. Partamos “haciéndole justicia” al régimen militar y reconociendo a su líder indiscutido, que, mientras trataba de hacer disminuir la inflación, disminuía la población e hizo también disminuir las arcas públicas en unos 26 millones de dólares. Cuando le preguntaron por ello, lanzó una de las mejores respuestas que registra la historia de la filosofía: “No me acuerdo y no es cierto. Y si es cierto, no me acuerdo”. Ahí tení, poh, Sócrate. ¿No erí tan choro? ¡Cabecéate po’ loco!

El otro filósofo destacado del gobierno militar, fue Don Toribio, el Marino, quien tenía una especial predilección por las cuestiones de identidad latinoamericana y chilena. En ese ánimo, definió a los bolivianos como “auquénidos metamorfoseados que aprendieron a hablar, pero no a pensar”, haciendo suya la teoría de un “estudioso” europeo. Ahora, toda la reflexión en torno a Chile y los chilenos, es resuelta de un plumazo por el almirante, cuando señala que Chile está compuesto por “los nativos y los moscovitas”. Obviamente, él se adscribía a los primeros y su patriotismo y amor a las tradiciones estuvo siempre tan fuera de duda, que terminado el gobierno militar señaló que aspiraba a estar tranquilo en su casa, “jugando al trompo y al emboque”. ¡Chúpate ésa, Platón!

En los gobiernos de la Concertación, el filósofo por excelencia fue el ministro de Salud Pedro García, cuyas respuestas a los problemas siempre tuvieron un halo de misterio y una intrincada lógica, que mantiene de cabeza hasta hoy, a académicos de distintas corrientes. Sus metáforas se referían, de preferencia al mundo animal, pero también dejaban de manifiesto su espíritu “vaquero”. Cuando le preguntaron por la falta de leche en los consultorios, respondió: “¡pregúntenle a las vacas!”. Consultado por un brote de virus hanta: “no tenemos una agenda anti ratones”. Y cuando se le invitó al congreso a dar ciertas explicaciones, dijo que contaba con todo el respaldo del Presidente, así que “tranquilein Yon Guein”. ¿Cómo te quedó el ojo, Aristóteles?

En el actual gobierno, hay un “auge” impensado de la filosofía, tanto desde el ejecutivo, como de gente que simpatiza con los ejecutantes. Los aportes del Presidente son muchísimos, y se pasea entre una filosofía determinista pesimista (“nada es gratis en la vida”); filosofía-realista-mágica (“la isla de Juan Fernández, donde vivió Robinson Crusoe”); y el pragmatismo a toda prueba (“A otra cosa, mariposa”.) Imposible no pensar en “el ser y la nada”. ¡Atina, po’ Sartre!

Entre los defensores del gobierno, aparecen la Tere Marinovic, la Marité Chadwick y Carlos Larraín. La Tere es licenciada en filosofía, y resuelve de un viaje el problema mapuche: “mapuches malcriados”. Respecto a la sexualidad, y poniendo a sus hijos como ejemplo, afirma: “Las mujeres no tocan la pelota ni la miran salvo cuando juega la selección, pero lo hacen porque es una excusa para interactuar socialmente. Y aunque los hombres jueguen de vez en cuando con las muñecas, lo hacen para descuartizarlas, lanzarlas desde el segundo piso…”. La Marité apela a sus amigos para evitar una manifestación en la privada Universidad del Desarrollo, y les envía una carta: “A todos los considero, Pinochetistas y chilenos de corazón. Hombres y mujeres cuerdos. Yo siempre parezco andar en nada, pero siempre estoy analizando muchas cosas. Somos del estrato social alto, no lo elegimos, lo nacimos y hay que merecer la cuna y la educación que se nos ha dado, ¿Cuál es el afán de actuar como cuico flaite?”. Así, queda planteado, una vez más, el viejo problema del “Ser”. Por su parte, Larraín bautiza a la relaciones sexuales como “urgencias del cuerpo”, a la “voluntad” como la necesidad de “apretar carnes” y a los adversarios como “manga de inútiles subversivos”. ¡Ahí tenís, Carlitos Marx!

Sin embargo en los últimos días, se produjo toda una revolución. En la línea de los filósofos auto flagelantes, aparece una nueva figura: Arturo Martínez. Su teoría respecto a que los actos de vandalismo que se producen al final de las marchas es atribuible a la influencia que ejercen los profesores de Filosofía en los estudiantes ( “les llenan la cabeza de porquerías”) es una afirmación que refuerza el genio de este pensador. Martínez, que ha transitado tupido y parejo por la izquierda, ya se había “mandado” una máxima en que hace coincidir la filosofía con la geometría: “de tanto caminar por la izquierda, se llega a la derecha”…..¡Agárrala, Pitágoras!

Ante la escandalera producida por responsabilizar a los profesores de filosofía, Martínez don Arturo recibió la ayuda de la señora Marinovic: “Yo puedo tener mis diferencias con Martínez pero la nobleza de mi estirpe me obliga a darle la razón cuando la tiene, y esta semana compensó con una frase notable todos los errores que pudo cometer en el pasado. Porque cuando el Monarca de la CUT afirma que “hay profesores de filosofía detrás de toda esta cuestión violenta”, estoy segura de que no estaba pensando en Platón, sino en individuos como el Senador Navarro, como Abimael Guzmán o como yo: todos colegas, por cierto.” ¡Ya po’ Simone de Beauvoir!

No está de más recordar que Filosofía viene de “filos” (amor) y de “sofos” (sabiduría). Por lo tanto, su significado es “amor por la sabiduría”. La palabra, dicen, fue acuñada por el matemático Pitágoras, que se definió como “filósofo”: amante de la sabiduría, No hay que confundir con la acepción que en Chile tiene la palabra “FILO”: “corte”, “chao pescao”, “te juiste mojón por l’agua”, “cagaste”. ¡Guena, Kike Morandé!

Martínez olvidó que él es todo un filósofo y que, al responsabilizar a los profesores de filosofía de meterles porquería en la cabeza a los alumnos, dictó su propia sentencia: el Magisterio ya no lo invitará para hablar de temas que toquen o no toquen aspectos relacionados con la filosofía. Si lo llaman o se reúnen con él, será para decirle: “¡Filo!”.


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