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15 de julio de 2001

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De capital y capitales
Por Jorge Loncón

Tenemos una fijación con ser capital de algo. O tal vez ser capital de la Décima Región nos abrió los apetitos más inconfesados e inconfesables. Primero, Capital del Extremo Sur Austral de Chile; luego, Capital de la Patagonia; enseguida, Capital del Turismo; después, Capital del Teatro; más adelante, Capital de las Artes; a continuación, Capital de la Danza. Y si próximamente hay eventos de folklore, de plástica, de poesía, seremos Capital del Folklore, Capital de la Plástica, Capital de la Poesía. A este paso, no se entiende por qué a la ciudad completa no la han declarado patrimonio universal o Capital de Capitales. Debe corregirse pronto tamaña injusticia, nombrándola —urbi et orbi— por lo menos Ciudad el Descueve. Si tal declaración le parece exagerada a los paladares sobrios, podría sugerirse una nominación como Ciudad en Vías de Descueve. Es claro que no faltarían los subidos por el chorro, que quisieran nominarla como "Puerto Montt, Capital del Descueve". En realidad, tenemos un problema capital, que va más allá del delirio que pueda provocarnos la falta de capital y de capitales. O capaz que nuestros hermanos argentinos, nos estén contagiando con esa modestia conque se les conoce y reconoce en el mundo entero. Ya hubo en la macro economía, hace algunos años, quien advirtió que América nos estaba quedando más chica que casa de 500 UF, y emitió unos rugidos de jaguar bastante ridículos, porque mas bien sonaron a gato que le han pisado la cola.

En el último tiempo, el tema mayor ha sido la licitación de la basura, por lo que estuve temiendo se declarara a Puerto Montt Capital de la Basura. Lo triste es que no somos capital de nada, porque en este país la capital de todo —basura incluida— es Santiago. Nosotros somos apenas capital de región, y eso sirve de muy poco, cuando incluso las otras provincias que la integran, serían capaces de implementar una "guerra de guerrillas" con tal de zafarse de la primacía puramente nominal que ejerce Puerto Montt. Porque los merecimientos de la ciudad, para nominarla "cabecera", estuvieron ligados siempre a la geopolítica, y no hay que ser de la "familia política", para darse cuenta que hasta lo "geo" se ubica en un plano secundario, cuando de política se trata. O sea, arribamos a la políticageo. Porque no deja de ser tentador —para los tentáculos— que, por ejemplo, una futura división regional, signifique elegir a otros dos senadores, a otros dos diputados y eso es lo importante y lo bonito ¿no? Hay quienes incluso harían grandes ejercicios verbales para justificar que la Décima Región se dividiera en cinco, porque ello significaría diez senadores y diez diputados más. Y eso es más importante y más bonito ¿no?. Aunque nadie puede desconocer que en política hay papás querendones, que les cuidan muy bien el distrito a sus hijos, sin importar que ello signifique derribar intendentes. Es una ternura tan ilimitada, que el país podría ahorrarse el gasto de elecciones, y cada senador en ejercicio designar a un sucesor: habríamos inventado —otra vez— un nuevo concepto: Dinastía Democrática, o Democracia Dinástica, que podría sumarse a la Democracia Protegida, Vigilada y Tecnificada. Cristiana también.

La palabra "capital" da para mucho, pero por reflejo de economía social de mercado, uno piensa en la billetera, que si no está medianamente provista, puede desembocar en ciudadano acreedor a la pena capital. La pena capital, no sólo implica que le corten la cabeza (decapitación), sino que tiene implicancias varias. También hay un problema con la palabra pena, porque se usa judicialmente como sinónimo de castigo, en consecuencia que si le aplican a alguien la pena capital, no va a tener tiempo ni de sentir pena. Y si pena significara pena, sería una pena de cráneo, porque capital viene del latín "capitis", que significa cabeza. Si capital se usa también como sinónimo de "lo máximo", tendríamos que decir que "pena capital" es una tremenda pena, casi inconsolable.

Mención aparte merece "El Capital", libro escrito por Carlos Marx, filósofo a quien erróneamente todo el mundo acusa de marxista. El libro en cuestión no lo entendía ni Engels, pero sirvió en los años 60 y 70 para adornar las axilas de gente joven que no lo leyó ni cuando llegó a vieja. "El Capital" no lo leyeron ni los marxistas, carentes de todo capital; ni los derechistas, que tenían todo el capital. Yo creo que en Chile sólo dos personas lo leyeron completo y lo entendieron: Volodia Teitelboim —escritor — e Ignacio Valente— sacerdote y crítico literario. Lo entendieron distinto, pero lo entendieron.

"Per cápita" —por cabeza— es otra expresión que se liga a la idea de capital. Se usa siempre que se habla de la distribución del ingreso. Si los vecinos de la población Las Camelias supieran el ingreso medio per cápita que tienen los chilenos —según las estadísticas— se irían de espaldas al barro que abunda no muy lejos del centro de la Capital del extremo Sur Austral de Chile, de la Patagonia, del Turismo, del Teatro, de las Artes, de la Danza, del Folklore, de la Plástica, de la Poesía. Si los vecinos de Villa los Poetas se enteraran con cuánto capital trabajan las constructoras, tendrían al menos tres ataques per cápita, y azotarían la "capitis" en las chorreantes paredes de las viviendas que están no muy lejos del centro de la Capital del Extremo Sur Austral de Chile, de la Patagonia, del Turismo, del Teatro, de las Artes, de la Danza, del Folklore, de la Plástica, de la Poesía.

Claro que las situaciones descritas y las nominaciones consignadas, muchas veces sirven para "capitalizar" todo lo que sea capitalizable. Y en lo que respecta a la Capital, aparte de los aspectos geopolíticos, no tenemos más merecimientos —e incluso tenemos menos— que ciudades como Valdivia y Osorno, y carecemos absolutamente de la riqueza patrimonial chilota. De modo que el chauvinismo desatado de un tiempo a esta parte, sólo puede mover a risa a quienes tienen la "capitis" en la ubicación adecuada. Y ¡ojo!, que quienes gustan de bautismos capitales, no hacen sino quedar al descubierto en su mentalidad centralista. Porque no se necesita ser capital de nada: sólo necesitamos hacer lo mejor posible, aquello que somos capaces de hacer. Si la denominación de "capital" es un halago, que provenga de otros, y no de nosotros: "alábete un extraño y no tu propia boca", según la bíblica advertencia.

En el frontis de la Municipalidad de Puerto Montt, hay escrito un mensaje, una invitación que vale para quienes ocupan por dentro el edificio, y para quienes transitamos por fuera. Si bien está referido al tema de la basura, su validez es de un alcance mayor. "HAGAMOS DE LA CIUDAD UN MEJOR LUGAR PARA VIVIR." Así de claro, porque aquello es una tarea permanente y prioritaria, porque lo primero es lo primero, y las declaraciones de que somos o seremos capital de tantas cosas, lleva cierto tufillo a propaganda, que nada significa frente a lo poco que somos y a todo lo que hay por hacer. Ese letrero en el frontis, por suerte, desmiente ciertos delirios de grandeza material, cierta fanfarronería y fanfarria. En cuanto a la otra fanfarronería, aquella que proclama que somos capital de cuanta manifestación artística existe, sólo es una triste demostración de otro tipo de pobreza.

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