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6 de mayo de 2001

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De fútbol y elecciones
Por Jorge Loncón

Mientras esperamos a Gnecco, mientras soñamos con Gnecco, mientras tenemos pesadillas con Gnecco y nos despertamos sudorosos, como si viéramos transformarse a los delfines en jureles; y nos calmanos sintiéndonos triunfantes como Pedro García luego de ganarle a un "combinado" de la Quinta Región; mientras nuestra expectativa crece diez veces más que el IPC y 20 veces más que los índices de pesimismo nacional, a nuestros amigos del fútbol, habrá que decirles que matemáticamente es posible que Gnecco llegue. Y es posible que se ubique en el centro de la pantalla, señora señor, para ofrecernos a la izquierda y derecha de su pantalla, señora señor, a Stange y Quinteros unidos, porque, ya lo dijo Nicanor Parra: "la izquierda y la derecha unidas, jamás serán vencidas".



Y si el móvil es el fútbol, tanto mejor, porque es el deporte de las multitudes compañeros, ciudadanos y hay que mojar la camiseta por el deporte, aunque en Chinquihue cambie la máxima y no se hable de mojar la camiseta, sino de "embarrar la camiseta". Jamás osemos dudar de la re— contratación de aquél jugador que abandona la cancha del Chinquihue con la camiseta embarrada: allí hay pasión, y entre la pasión y el barro no hay más que un paso, algunos pases y sendos remates de volea, con balones que inevitablemente rozan el vertical y se pierden en el Canal de Tenglo. A Bigorra, antes de cada partido, debiera permitírsele entrar a la cancha y embarrar un poquito el buzo, aunque sea con la mano.



Calma, amigos reporteros del deporte local. Gnecco llegará. Lo que ha de suceder, sucederá. Y si ha de suceder que Gnecco no llegue, no llegará. Pero seamos optimistas, como dijo el Ministro, luego del alza de la bencina, y llenemos los estanques para ir a recibirlo a El Tepual. Para quienes confundan al señor Gnecco, con el actor de tevé, aclaremos que éste último no tiene nada que ver con el señor Gnecco que llegará un día a Puerto Montt. No, el Gnecco actor, si bien gusta del fútbol no tiene los recursos para apoyar el fútbol local; sólo tiene recursos —vocales— para dejar sordos a sus compañeros de escenario y al público: él no ama la actuación: la grita.



Recorro mi convulsionada ciudad, a comienzos de la semana que terminó de comenzar. No sólo Gnecco es el tema. También hubo elecciones. El país entero estuvo con el alma en un hilo, pues hubo elecciones en el Partido Socialista. ¡Sí! ¡Sí! ¡Sí! ¡El mismo partido de Marmaduque Grove y Salvador Allende! ¡Personajes históricos, hechos históricos! ¡Permítanme un segundo de emoción_ (_.)_..! Gracias.



Paso aquella mañana frente a la sede del Pe Ese, absolutamente desprevenido, y me encuentro con funcionarios de gobierno en cantidades semi industriales. Pensé que era una reunión de la ANEF, Asociación Nacional de Empleados Fiscales, pero cuando vi a un par de SEREMIS, díjeme: "Algo gordo ocurre aquí, pues si el asunto no es gordo, no concurren los SEREMIS". Entonces ví varios furgones de transporte semi escolar y cuando me percaté del color amarillo intenso de dichos vehículos que transportaban a personas que no eran ni semi estudiantes, díjeme otra vez: amarillo, acarreo, eo, eo, eo, ¡ya está: elecciones en el Pe Ese!



Y así no más era. El oficialismo local, la derecha local (que es lo mismo) se paseaba por calle Urmeneta, entre la funeraria y el Juzgado del Crimen. Mi instinto de periodista no titulado, me frenó a algunos metros del lugar en que se perpetraban los hechos. En ese momento, se estacionó a mi lado un enigmático ciudadano, que hace algunos meses me instó a gritos en la vía pública a volverme a España. Este renovado socialista (de cuyo nombre no me acuerdo), que descubrió las ventajas de exiliar a algunos ciudadanos, pertenece a un selecto —y amplio— club de amenazadores profesionales, que después de la elección municipal de octubre, se puso terno azul y corbata.



En fin, dicen que el ejercicio democrático de los socialistas fue ejemplar, que los cesantes votaron con una envidiable organización, y lo más importantes es ver cómo el espíritu de servicio público se manifiesta tan claro en la gente. Porque, además de sus pesadas funciones públicas, asumen cargos que requieren bastante tiempo. Un siete para ellos. Sobre todo para los más connotados funcionarios del Gobierno Regional, que integrarán las distintas mesas directivas. Porque podrán perder la confianza del señor Intendente Regional, pero la mesa directiva se tiene confianza.

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