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21 de septiembre de 2007

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Dr. Carlos Sahr
Por Jorge Loncón

(Apuntes para una biografía)

No hay duda que la imagen de Carlos Sahr está instalada en la retina de varios miles de personas. Sobre todo, en la de aquellas que utilizan anteojos. Después de permanecer 30 años y un día en el Hospital de Puerto Montt; después de cumplir cuarenta como médico, pareciera que de un momento a otro tomará un micrófono y entonará las notas de esa canción que afirma “que veinte años no es nada”, y agregará que cuarenta tampoco y que a la vida hay que sacarle lustre, sumergirse en ella como en una piscina, saltando desde el trampolín, buceando y recorriéndola a brazadas. O trotando. Porque veinte kilómetros a la semana, tampoco son nada para una voluntad decidida a que se haga su voluntad.

El trote de Carlos comienza con su caminata desde Victoria, en Malleco. Es la mano firme de su abuela quien lo conduce, porque sus padres han partido demasiado temprano. La caminata da un salto a Punta Arenas y luego a Perquenco, donde realiza sus estudios básicos y luego, un viraje a los inicios, a Victoria de nuevo, para andar la Enseñanza Media y que se vislumbre y constate luego, que había allí un buen alumno, un buen deportista, un buen músico.

Es Carlos, el músico, quien forma la orquesta que los fines de semana hará bailar, reír y llorar. Porque en el repertorio conviven sin pudores - cordial y caóticamente - los Mambos de Pérez Prado, los pasodobles españoles, los valses de Strauss y los boleros de Lucho Gatica. No hay problemas con Strauss, con “El Relicario”, ni con “La Hiedra”. ¿El nombre de la orquesta? RITMO EN EL ALMA. Si fue Carlos quien la bautizó, estaba dando una pista excelente para seguirle los pasos y para intentar esbozar algo parecido a una biografía.

La orquesta se mantuvo hasta cuando él cursaba tercer año de medicina . La orquesta lo ayudó a financiarse, porque la calidad de aquella hacía respetables los honorarios de Carlos, el estudiante de medicina; de Carlos, el músico del saxo y la trompeta; de Carlos, el empresario que firmaba los contratos; de Carlos, el director que no bebía alcohol, cuestión que debe haber sido toda una curiosidad y debe haber despertado el apetito de los locales nocturnos, donde hasta hoy, con frecuencia, llega el minuto inevitable en que el músico ya no sabe qué instrumento es el que toca.
Antecedentes de esta vocación orquestal, puede encontrarse en el internado de su colegio católico, donde en el oficio dominical, en el momento de la consagración, interpretaba “hasta tus plantas, señor llegamos”.

Aclaremos una cosa. La orquesta RITMO EN EL ALMA se terminó, pero en la caminata vital de Carlos, el RITMO EN EL ALMA se ha conservado intacto.

Parte importante de su memoria, la ocupan sus cuatro años como Médico General de Zona, en Nacimiento, donde llega luego de sus estudios de Medicina en la Universidad de Concepción y en la Universidad de Chile. En Nacimiento, la tierras de Bernardo Leighton y Patrico Manss, Carlos Sahr, el dirigente, llega a presidir la Junta de Adelanto, consigue mejoras para el hospital y la ciudad, agua potable, gimnasio, equipamiento.

Es en Nacimiento donde incursiona en la política como candidato a Regidor y se retira rápidamente, ya que su ojo clínico le señala que “no va por allí la cosa”. Esta postura, deja en claro su visión de las cosas y anuncia al futuro oftalmólogo.

Es en Nacimiento, donde organiza clínicas deportivas y hace convivir a Leonel Sánchez, al Cuacuá Hormazábal y cultiva la amistad de los periodistas Eduardo “Gato” Gamboa y Mario Gómez López.

Es en Nacimiento, donde recibe y es anfitrión de Pablo Neruda y Matilde Urrutia. Es en Nacimiento donde recibe el Premio Colegio Médico de Chile, junto a otros dos médicos, merced a un estudio sobre Salud Rural.

Y luego, la caminata continúa en Santiago, con el profesor Juan Arentzen Sauer y la beca en Oftalmología. Ejerce en Santiago, Los Angeles y llega a Puerto Montt en 1973. Aquí se queda, aquí trabaja 30 años, aquí suma tres hijos a los dos de su primer matrimonio. Aquí su obra bajo el techo del club de Leones, es reconocida, porque bajo ese alero atiende gratuitamente a más de 11 mil personas. El tránsito de Carlos inscribe en el calendario sus estadías en el Hospital Willis de Filadelfia, sus cursos de especialidad en Chile y en el extranjero, su participación en la Asociación Panamericana de Oftalmología.

La vida de un hombre no cabe en dos páginas ni en cinco mil. Cada una, es única e irrepetible, como se ha repetido. Parte importante del tránsito vital de Carlos está en sus cuarenta años de ejercicio profesional; está en sus hijos Carlos, María Elena, Paula, Liliana y Jorge; está en María Luisa, su pareja; está en la acumulación de kilómetros de viaje por el mundo; está en la anécdota, en los gestos y en los actos mínimos y en los que escapan de lo cotidiano.

Carlos acostumbra a escaparse y a lanzarse al agua, no sólo para salvar a una gitana en Arica, que al año siguiente lo reconoce y lo besa por asalto en una calle de la ciudad.

También, desde su Departamento – él y sus amigos - pueden zambullirse visualmente en la bahía de Puerto Montt, y disfrutar de esos goces que hemos ido perdiendo la costumbre de experimentar: la contemplación del mar, de las islas, del cielo y del horizonte.

Carlos Sahr, el oftalmólogo, ha aprendido desde allí a identificar las naves que van zarpando y conoce sus nombres de memoria. Pero como le gusta cerciorarse, toma unos prismáticos ( antes se les llamaba larga-vistas) y comprueba que efectivamente la nave que zarpa es la que él identifica.

Carlos, “che Carlitos” es parte de esta ciudad, de su memoria. Por ello, no nos queda más que remarcarle que veinte kilómetros son nada, que la caminata continúa, que sabemos que su RITMO EN EL ALMA permanece intacto y que debemos parodiar a Nicanor Parra para decirle:

“GRACIAS, CARLOS SAHR, Y FELICIDADES POR TUS PRIMEROS CUARENTA AÑOS COMO MEDICO”.

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